Requisitos mínimos para ejercer (bien) el oficio de la traducción (I)

En una de mis últimas entradas, hablé de cómo el creciente uso de la traducción automática está dando lugar a una brutal explotación de quienes nos dedicamos al bello oficio de la traducción (humana) y, quizá por ello, encuentro que la calidad de las traducciones, incluso de libros publicados por editoriales prestigiosas, es cada vez más baja. Por supuesto, las bajas tarifas no son excusa para hacer un mal trabajo: hay una cosa que se llama prurito profesional y que consiste en hacer el trabajo lo mejor posible independientemente de otros factores. Lo que sí puede estar ocurriendo es que sólo personas sin conocimientos ni experiencia asuman esa explotación. Porque traducir es un oficio que requiere conocimientos y experiencia. Aquí van unos requisitos mínimos desde mi experiencia de más de veinte años como traductora profesional, de inglés a castellano y viceversa, en los ámbitos académico, literario y técnico.

🟣 Ser nativohablante de la lengua de destino (requisito necesario pero no suficiente)

Esto parece una obviedad, pero, lamentablemente, no siempre se cumple, ni siquiera, repito, en libros publicados por editoriales prestigiosas. No suelo investigar los orígenes lingüísticos de los y las traductoras de libros, pero hay errores tan flagrantes que sólo pueden deberse a falta de conocimiento de la lengua de destino. Dos que se me quedaron grabados hace ya varios años fueron: 1) Una pareja que «hizo trampa» (luego se explicaba que l@s dos tenían otra pareja): tuve que retraducir al inglés para entender que se refería a lo que vulgarmente se define como engañar a la pareja (to cheat, que en inglés significa también hacer trampas en el juego o copiar en los exámenes). Y (ésta merece figurar en cualquier antología del disparate) 2) «Subvestidos«, que también tuve que retraducir al inglés, para comprender que se refería a ropa interior, underwear en inglés. Sólo alguien con nulo conocimiento del castellano (o, más probablemente, una máquina traductriz) podría perpetrar tamaña barbaridad, ya que, si bien los nombres de las prendas varían en ambas lenguas según los dialectos, tanto underwear como ropa interior son de uso universal entre anglohablantes e hispanohablantes, respectivamente.

🌐🌐 Cuando hago críticas de este tipo no suelo mencionar los libros ni a quienes los tradujeron, porque me consta por experiencia que entre la traducción y la publicación pueden introducirse errores, ya sea en el proceso de corrección por parte de la editorial, ya sea en el de maquetación. Ahora bien, en el caso de subvestidos me cuesta creer que una correctora hispanohablante haya podido hacer ese cambio. De hecho, me cuesta creer que el texto haya pasado por una corrección y, si lo hizo, que la persona a cargo no se sorprendiese ante tamaño despropósito y lo corrigiese tras confirmar el error (yo misma busqué la versión original para asegurarme de que no se trataba de algún «brillante» neologismo… porque me resultaba inconcebible como error). 🌐🌐

🟣 Ser bilingüe

Como ya señalé, ser nativohablante de la lengua de destino es requisito necesario, pero ello no garantiza una buena traducción si no se domina también la lengua de origen. Hay que dominar también todo el vocabulario y los matices de ésta, las frases hechas, incluso los posibles fallos sintácticos del original. Cuando no es así, surgen tergiversaciones (algunas que pueden incluso transmitir el sentido opuesto), traducciones literales «espesas», etc. Teóricamente, si se domina la lengua de destino, estas últimas tendrían que «chirriarle» a el o la traductora lo suficiente como para intentar aclarar el significado de origen… pero para ello es preciso, no sólo ser nativohablante, sino también dominar el oficio de la escritura (otro «oficio» cuyas herramientas, a juzgar por lo que leemos en ciertos libros y en la prensa, parecen estar cada vez más oxidadas en nuestro entorno) en esa lengua y tener cierta experiencia traduciendo.

La mayoría de los ejemplos que me vienen a la cabeza son de traducciones no profesionales que corrijo y, por tanto, «confidenciales», por lo que voy a dar sólo uno que resulta lo bastante vago: donde en castellano una autora decía que estaba preocupada por algo, pero que finalmente «me fue de cine» (es decir, que le fue muy bien), la traductora puso «I went to the cinema» («me fui al cine«), con lo cual, si bien la frase resultaba sintácticamente correcta, no encajaba con el contexto.

Y, volviendo a las (no) correcciones, recientemente vi, estupefacta, cómo en una serie traducían el phrasal verb (expresión que no tiene traducción exacta al castellano y que designa los verbos compuestos por el verbo mismo más otra partícula que le cambia el significado) double up, en referencia a dónde se habían alojado unos chicos concretos («They sometimes double up«), como duplicarse, con lo que les quedó la llamativa frase: «Los chicos a veces se duplican«, en lugar de «comparten habitación«. Repito lo de más arriba: ¿a nadie le chocó que estos chicos se duplicasen… como las amebas? Pues parece ser que no.

Luego hay errores que se repiten. Uno que veo continuamente en el audiovisual y que denota la falta de dominio del inglés es la expresión «to get a girl into trouble«, que eufemísticamente significaba (por suerte, ha caído en desuso) «dejar a una chica embarazada«. Sin embargo, hace poco la he visto traducida ―en una película y en una serie, y más de una vez en cada una― como «meter a una chica en problemas«. Y, aparte de que la expresión suena «rara» en castellano (lo que en inglés se describe como awkward y que tampoco tiene traducción exacta), no transmite el sentido con precisión: es cierto que en la época en la que transcurren las dos obras (años 60 del siglo pasado) era un auténtico problema que una mujer soltera se quedase embarazada, pero no era el único tipo de problemas que le podía causar un hombre: también, podía, por ejemplo, convertirla en drogadicta o hacerla cómplice de un delito. Otra explicación para este error sería que el o la traductora sea nativohablante, pero joven, y, por tanto, desconozca este antiguo significado. Pero aquí entra otro requisito implícito para ejercer bien el oficio: ser una persona culta y leída.

🟣 Dominar la disciplina de que se trate

Este aspecto, que es absolutamente fundamental, requiere cierto desarrollo, porque los distintos tipos de traducciones tienen niveles distintos de dificultad y, por consiguiente, imponen distintos tipos de requisitos, así que lo dejaré para una entrada futura.

🟣 Ser una persona meticulosa

A fin de cuentas, resulta de poca utilidad ser bilingüe, escribir bien en la lengua de destino y dominar la disciplina correspondiente si no se trabaja con meticulosidad. Esto, que es importante para cualquier trabajo, lo es todavía más en la traducción. Es imprescindible traducir todo el texto (no omitir ninguna palabra) y sólo el texto (no añadir otras). De hecho, en una época me contrataron para evaluar traducciones de prueba de una agencia y uno de los parámetros era precisamente ése: si las y los aspirantes omitían o añadían texto. Esto no significa, por supuesto, que haya que traducir literalmente, palabra por palabra: puede ser necesario, bien omitir alguna porque en la lengua de destino resulta redundante, bien añadir alguna para completar el sentido.

A lo que me refiero es a tragarse o añadir, por ejemplo, «modificadores«, sobre todo adjetivos y adverbios. No es lo mismo decir, en el idioma que sea, dos minutos que unos dos minutos: en el primer caso, es una medida exacta de tiempo; en el segundo, no. Y en ciertos textos ese matiz puede ser esencial (ciencia, gastronomía, etc.). E incluso cuando lo es menos, como en una novela, está claro que se cambia el significado. No es lo mismo que un personaje diga «Llevo veinte años viviendo aquí» que unos veinte años, casi veinte años o más de veinte años, y no tanto por la importancia que esa información pueda tener, sino por lo que nos transmite acerca del personaje. Del mismo modo, si en el original se incluyen cuatro adjetivos calificativos, hay que traducir los cuatro, y no tres o cinco (salvo en el raro caso en que dos de ellos se traduzcan exactamente igual, por aquello de que no siempre existe una correspondencia unívoca entre conceptos y palabras en distintos idiomas).

🟣 Tener experiencia

En esto la traducción no difiere de cualquier otro oficio y creo, por tanto, que sobran más explicaciones. Sólo diré que lo más importante que se aprende con el tiempo es a caminar la delgada línea que combina fidelidad sin literalidad, aunque el alcance de la «fidelidad» varíe dependiendo del tipo de traducción, el tema de mi próxima entrada.

(Continuará…)

Publicado por jcruzf

Doctora en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), especializada en literatura y cine de mujeres. Es autora del libro "Marginalidad y subversión: Emeterio Gutiérrez Albelo y la vanguardia canaria", y numerosos artículos académicos de crítica literaria, cinematográfica y cultural, así como de las novelas "Gajos de naranjas" y "Todas las islas la Isla", y coeditora, junto con Barbara Zecchi, del volumen "La mujer en la España actual: ¿Evolución o involución?" Ha sido profesora en diversas universidades estadounidenses, la última New York University – Madrid (2005-2015), y entre 2006 y 2011 impartió el curso anual “Género, cine y sociedad” en la Universidad Complutense de Madrid. También ha traducido varios libros para la colección “Feminismos” de Cátedra.

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