“Emoji”, “güisqui”, “ferris”… : Los extranjerismos, la RAE y yo

En una entrada anterior, una de mis sugerencias para la corrección de los propios textos literarios era: “En la duda, verifica“. En otra entrada, enfocada en los textos académicos, decía: “Verifica todo, verifica siempre“, refiriéndome a datos objetivos, como fechas, nombres propios, términos científicos, etc.

En la primera de esas entradas, confesaba que a menudo, sobre todo en los borradores definitivos de mis textos literarios y mis traducciones, me entraban dudas “tontas” y que eso es perfectamente normal… incluso muy sano. Ahora bien, hay un ámbito en el que siempre que escribo en castellano me surgen dudas: los extranjerismos. Siempre compruebo si están aceptados por la RAE (en cuyo caso se escriben con letra redonda), si no lo están (en cuyo caso se escriben con cursivas) o ―y esto es lo que más desconcierto me causa― si están aceptados, pero castellanizados.

Y es que, al igual que en otros aspectos que ya he criticado en este blog (el tildicidio llevado a cabo en 2011 o la fobia de los académicos [masculino genérico porque a las mujeres ni se las oye] a todo lo que suene remotamente a lenguaje inclusivo), la RAE es radicalmente arbitraria. Mientras que acepta e incorpora extranjerismos recién nacidos (casi todos anglicismos), con o sin equivalente en castellano, deja fuera otros de uso muy extendido y/o los castellaniza de modo antinatural. En este último caso, cuando se trata de mis propios escritos (con los ajenos me ciño estrictamente a la norma académica), yo prefiero la ortografía original y, por tanto, mantengo las cursivas.

Aclaro que no soy lexicógrafa (mi doctorado es en literatura), por lo que no valoro las (a menudo inescrutables) decisiones de La Venerable como “experta”, sino sólo como amante de las lenguas y como escritora, traductora, correctora y editora. Y lo que sigue no pretende ser un estudio sistemático, sino sólo una muestra aleatoria de palabros que, por un motivo u otro, me sorprenden o perturban.


De Gerd Altmann, tomada de Pixabay

🟣 Incorporaciones raudas

¿Desde cuándo está entre nosotras la palabra emoji? ¿Un par de años? ¿Un poco más, tal vez? Yo la descubrí hace poco (la tecnología no es lo mío) y también hasta hace poco pensaba que era lo mismo que emoticono (y no: emoticonos son sólo los que se pueden diseñar utilizando el teclado). Pues bien: ya está incorporada al Diccionario de la lengua española. Yo, sin embargo, la sigo escribiendo con cursivas, porque no la pronuncio /emóji/, sino /emóyi/, como en japonés (aunque no hablo japonés). ¿Había realmente tanta urgencia? ¿No se podría, en su lugar, usar emoticono, que es más elocuente? (Cierto que la palabra japonesa no tiene que ver con las emociones ni todos los emojis expresan emociones, pero sospecho que su popularidad inicial se debió precisamente a esto.)

Y, mientras, la palabra género (que, por motivos que ahora mismo no vienen al caso, he empezado a evitar), en el sentido de “grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”, tardó décadas en incorporarse al DLE (no he podido confirmar la fecha exacta, pero me consta que en la edición de 2001 no lo estaba aún) dizque porque se trataba de un anglicismo (y no lo es: la palabra gender se tomó prestada del término gramatical, exactamente como en su “traducción” al castellano). Otro ejemplo, con menos implicaciones ideológicas, es boutique, que lleva también décadas en nuestro vocabulario pero todavía debe escribirse con cursivas (de todos modos, hay que felicitarse por que no se les haya ocurrido castellanizarla a butic). Y, ya que hablamos de japonesismos, llevamos mucho más tiempo comiendo sushi que usando emojis… y sushi todavía debe escribirse con cursivas.

🟣 Castellanización de la ortografía

¿Puede haber una palabra estéticamente más fea que güisqui? Pues es la ortografía que recomienda la RAE para whisky, mientras que la ortografía original sigue figurando en cursivas, aunque creo que muy pocas personas siguen ya esta norma. Por continuar con el campo semántico de las bebidas alcohólicas, coñac y champán se leen bien… y suenan bien. En cambio, güisqui suena a persona poco instruida (a mí me hace pensar en aquella canción del año catapum Saca el güisqui, cheli, para recordar…), entre otras cosas porque ésa no es la pronunciación en inglés (de donde se ha tomado, aunque el origen sea gaélico). En todo caso, sería huisqui (le he añadido una hache por motivos estéticos)… que suena más bien… quechua. (Acabo de descubrir que La Venerable también acepta wiski, pero tampoco es muy estética que digamos.)

También me parecen “feas” palabras como trávelin o márquetin (aunque esta última no está aún incorporada al DLE, es la ortografía que recomienda la RAE). O espóiler, que he leído que está próxima a entrar. Sobre todo porque en los dos últimos casos existen palabras en castellano para designar lo mismo: mercadotecnia (que, por cierto, es la palabra de preferencia en muchos países latinoamericanos) y destripar (en lugar de hacer un spoiler). Y no, no soy una purista anticuada. Considero que todo mestizaje, ya sea lingüístico o cultural, es enriquecedor, pero no cuando se limita a la adopción indiscriminada de la lengua del imperio, que es de donde se toma la mayoría de los préstamos actuales.

¿Y qué me dicen de clínex? De nuevo, hay un modo perfectamente válido de nombrar este objeto en castellano ―pañuelo de papel o desechable, o incluso pañuelo a secas, pues pocas personas usan ya los de tela―, pero, puestas a ahorrar palabras, habría que usar kleenex, que en su origen era una marca de ídem.

También fea es reguetón, también incorporada a toda velocidad a partir de reggaeton. Sin embargo, en este caso me molesta menos: la música y ―sobre todo― la letra son tan feas por sí mismas que poco me importa la ortografía.

Y luego están las incoherencias a la hora de castellanizar. P. ej., las palabras francesas chalet, carnet y ballet son análogas. Las dos primeras están aceptadas en el DLE tanto con su ortografía original como con terminación en (chalé y carné), aunque yo prefiero la primera. Ballet, en cambio, sigue requiriendo cursivas. ¿Tal vez porque la doble ele no se pronuncia igual que en castellano? ¿Pero entonces por qué no proponer balet o balé (como palé, aunque ésta proviene del inglés pallet)? ¿Quizá porque la danza es una de las bellas artes y es más chic mantenerla en francés? Como dije, los caminos de la RAE son inescrutables.

🟣 Discordancias gramaticales con la lengua de origen

Quizá sea este aspecto el que más me molesta y supongo que debo achacarlo a mi dominio de ―y amor por― otras lenguas. Una de mis dudas recientes (que tuve que verificar para mi novela) fue la palabra ferry, que se escribe así en todo tipo de anuncios. Pues bien, la ortografía dictada por La Venerable es ferri y el plural, ferris. Y, francamente, como anglohablante que también soy, no puedo evitar percibirlo como una falta de ortografía. Así que, cursiva en ristre, decidí usar ferry y ferries. Y, por cierto, si tanto molesta la ortografía inglesa, ¿por qué no se prohíbe (a la RAE le encantan las prohibiciones) su uso y se impone el equivalente castellano, transbordador? Tengo el mismo problema con selfi (de selfie, también ya incorporada al DLE): me veo incapaz de pluralizarla como selfis (yo la escribo selfies). Claro que en este caso no existe una palabra previa en castellano: la propuesta de la RAE de utilizar autofoto no creo que tenga demasiado éxito.

Por motivos similares a los expuestos, me molesta también que el plural de test no lleve -s (dizque la población hispanohablante no puede emitir el sonido -sts). Y, aunque lo sé, cada vez que leo test como plural siento el impulso de empuñar el rotulador rojo. De hecho, no se me ocurre ninguna palabra en castellano con plural invariable (salvo cuando el singular termina en -s, que no es el caso aquí). Aparte de que ésta es otra palabra con equivalente exacto en castellano, prueba o análisis, dependiendo del tipo de test. Si tan impronunciable es en inglés, ¿por qué no ceñirnos al castellano?

Pero mis obsesiones no se limitan a los anglicismos: también me molestan los traslados incorrectos del francés. Por ejemplo, respecto a la expresión déjà-vu, que por cierto me encanta, me molesta que la RAE la escriba déjà vu, sin el guión (aunque no está en el diccionario), mientras que en francés lleva el guión porque déjà vu no es un sustantivo, sino un adverbio más un participio (p. ej., je l’ai déjà vu = ya lo he visto). Por tanto, yo continuaré escribiéndola con su guión.

Y, siguiendo con el francés, me encontré hace poco (desde que empecé a escribir esta entrada no hago sino acumular ejemplos) con la palabra naíf. Comprobé que está incorporada al DLE, donde también se recoge sin tilde (naif), pero… No sólo le han quitado la bonita diéresis del francés, sino que figura como invariable en términos de género (el femenino en francés es naïve). Y también en este caso seguiré feminizándola como corresponde, eso sí, con sus cursivas (p. ej., pintura naïve).


Y, tras este despotrique (palabro perfectamente aceptable, por cierto) quizá un tanto naíf, me voy de compras a una boutique y luego me comeré un buen sushi con un buen vasito de güisqui (lo necesitaré para soportar el reguetón de fondo). Ya colgaré los selfis con los emojis correspondientes 😜.

Publicado por jcruzf

Doctora en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), especializada en literatura y cine de mujeres. Es autora del libro "Marginalidad y subversión: Emeterio Gutiérrez Albelo y la vanguardia canaria", y numerosos artículos académicos de crítica literaria, cinematográfica y cultural, así como de la novela "Gajos de naranjas", y coeditora, junto con Barbara Zecchi, del volumen "La mujer en la España actual: ¿Evolución o involución?" Ha sido profesora en diversas universidades estadounidenses, la última New York University – Madrid (2005-2015), y entre 2006 y 2011 impartió el curso anual “Género, cine y sociedad” en la Universidad Complutense de Madrid. También ha traducido varios libros para la colección “Feminismos” de Cátedra.

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